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LECCIÓN APRENDIDA - Parte 2.

Al amanecer una punzada de dolor en su cabeza hizo que no quisiera levantarse, sentía un malestar que venía en lo profundo de su ser. Vomito cuantas veces pudo, estaba pálido y decaído. Toma agua y luego bajo a recepción donde lo ubicaron para ir al restaurante, comió y estaba más aliviado. Eso no iba a detener su experiencia.
Camino unas cuadras hasta encontrar un lugar donde un letrero grande decía BAR, le pareció interesante y entro sin dudarlo. Probo diferentes tipos de bebidas y sentía como la adrenalina corría por su cuerpo de probar cosas que antes no podía. Unas chicas lo vieron y se acercaron a él con tono seductor. Lo convencieron de ir con ellas, las siguió a unos escasos centímetros; entraron a una habitación donde había unos hombres tatuados fumando y bebiendo.
No tenía el discernimiento de lo que estaba pasando ahí, era malo; solo les siguió la corriente a las chicas que se sentaron junto a cada hombre y una a su lado. Una de las chicas le susurro al hombre a su lado algo entre risas, este sonrió ampliamente y saco de su bolsillo un sobre que contenía un polvo blanco, lo sacudió en la mesa frente suyo, agarro una tarjeta para hacer una línea, luego tomo uno de los billetes que estaban en todas partes y lo enrollo en forma de tubo. Miro a Jadash con una mirada sombría, le ofreció el billete enrollado y le explico lo que tenía que hacer.
Jadash dudoso tomo el billete y se arrodillo frente a la mesa con la línea de polvo blanco, hizo lo que le dijo el hombre, aspiro y luego tosió un poco, se sentía extraña aquella sensación. La mujer a su lado lo empezó a acariciar sin cuidado, este solo sentía ganas de probar más. Otro hombre saco unas pastillas y se las dio a cada uno. Todos se las pusieron en la punta de la lengua y empezaron a saborear. Jadash sentía que todo a su alrededor se movía, sentía una alegría muy intensa.
Durante todo el día estuvo así, pagando para que le dieran cada vez más, era algo extraordinario. Cuando ya era el momento de irse porque iban a cerrar el local, se levantó con alegría y fue al establecimiento donde se había quedado la noche anterior. Cuando iba a pagar por la noche su bolsa de tela estaba vacía, no tenía nada, solo mugre y polvo.
Se desesperó y busco por todos sus bolsillos, a ver si encontraba algo, fue nula la búsqueda. Se sentó al lado de una farola, abrazándose a sí mismo, el viento gélido lo golpeaba suavemente.
Al día siguiente ya no sabía a donde ir, estaba desubicado, sentía bastante sed y su estómago se encontraba vacío. Camino por las calles a ver si encontraba algo para comer, sentía como su estómago se retorcía y su cabeza con ganas de explotar. Con desespero abrió una bolsa de basura en la esquina de una acera, encontró comida en no tan mal estado y comió.
Cuando volvió a caer el anochecer se sentó en una banca de un parque donde la luz de las farolas era la única compañía que tenía. Empezó a llorar deseando comer la comida de su padre y estar junto a su hermano. Se arrodillo como hacia su padre por las mañanas y con lágrimas en los ojos levanto su voz “Señor, ¡oye mi oración! ¡Escucha mi ruego! No te alejes de mí en el tiempo de mi angustia. Inclínate para escuchar y no tardes en responderme cuando te llamo. Pues mis días desaparecen como humo, y los huesos me arden como carbones al rojo vivo.” 
Sus piernas flaqueaban, aunque estuviese arrodillado, sus manos temblaban sin cesar, su corazón latía a millón y sus lágrimas resbalaban sin parar por sus sucias mejillas. Continúo orando “Soy como un búho pequeño en un lugar remoto y desolado. Me acuesto y sigo despierto, como un pájaro solitario en el tejado”  Sentía como si las farolas se hubiesen apagado, pero seguía con los ojos cerrados tratando de calmar la tristeza de su corazón.
“Me alimento de cenizas; las lágrimas corren por mis mejillas y se mezclan con mi bebida”  Termino diciendo. se enjugo las lágrimas con el dorso de su mano. Escucho una voz fortísima por medio del viento que elevaba sus cabellos “No llores más, porque te recompensare”
Cuando abrió los ojos pensando que alguien estaba a su lado, se sobresaltó al no encontrar a nadie y las farolas volvieron a encenderse. Al fondo del parque un señor con un gabán gris se acercó, le tendió la mano para que Jadash se levantara y lo guio hasta su auto. Jadash no sabía si confiar, pero algo en su corazón le decía que estaba todo bien, que no iba a pasar nada malo.
Avanzaron por las calles solitarias, sin hablar, solo escuchando el sonido del motor y el del aire acondicionado. Se adentraron a la zona rural, donde él vivía, se extrañó de como el señor sabía. Lo miro por el retrovisor con una ligera sonrisa que luego se esfumo como las olas al golpear en la costa. 
Se detuvo el vehículo frente a la valla de su vivienda. Le agradeció y este hombre desconocido únicamente asintió esperando a que saliera para perderse en la oscuridad de la noche.
Jadash entra corriendo a la casa donde su padre estaba mirando por la ventana con las arrugas más remarcadas por la angustia. Al escuchar los pasos apurados, gira sobre sus talones y ve a su hijo menor sucio, pero sin importarle sale corriendo a abrazarlo. Jadash se arrodilla y le pide numerosas veces disculpas. Eliel lo perdona y lo abraza, le prepara una ducha caliente y un plato de comida.
Su hijo al terminar de bañarse y comer va donde su padre y le pregunta “¿Por qué me perdonaste padre? Si fui un mal hijo, peque padre” su padre sonríe y le toma las manos “Eres mi hijo Jadash, aunque hayas pecado yo te seguiré amando. Pero luego de todo lo que hiciste caíste en cuenta hijo mío. Jadash significa nuevo, por eso ahora eres nuevo en cristo Jesús” le da un beso en la coronilla.
Jadash llora, pero de alegría esta vez. Cuando amanece Bejor se enfurece con su padre por perdonar a su hermano después de todo lo que hizo a lo que Eliel responde sabiamente “Todos cometemos errores Bejor y también aprendemos de ellos”.


Comieron un banquete que había preparado su padre, hablando y riendo. Jadash está agradecido por todo lo que tiene y no hay nada que discutir ante ello.

FIN

3  Salmo 102: 9
4  Jeremías 31:16

Por: Paula Garcia

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