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La justicia del desierto

Hace mucho tiempo un viajero de la vida recorría el valle de su mente sentado a la sombra de un gran árbol donde trataba de encontrarle sentido a su vida, mientras pensaba se dio cuenta que toda su vida había vivido bajo la sombra de este gran árbol el cual le proveyó fruto y descanso por mucho tiempo, pero su diario vivir se estaba volviendo algo monótona ya que en algunas ocasiones tener las cosas tan fáciles en esta  vida nos convierte en personas conformistas y esto pensó el viajero,  el cual se hacía llamar así por perderse en sus pensamientos y vagar en ellos.
Después de analizar todo quiso quitar su conformismo e ir a un lugar que era la otra cara de su día a día; el desierto parecía que nunca iba a acabar, pero el viajero quería saber que se sentía estar a la intemperie así que vago y vago por unos largos días, pero sus provisiones se estaban acabando y no veía tiendas o lugares donde recoger el fruto al cual estaba acostumbrado.
Luego de pasar mucho tiempo sin comida ni agua se dio cuenta que solo un milagro lo salvaría, una noche que se encontraba en el suelo casi muriendo de frio vio a lo lejos una pequeña luz amarilla que se acercaba, vislumbró que era un mercader que cruzaba el desierto constantemente para trasportar lana e hilo le extendió su mano, lo alimento y le brindo un poco de calor con una manta de lana.
El mercader le explico que el desierto es un lugar donde la persona entra y decide qué tiempo quedarse y que cada segundo que se pase allí es un aprendizaje y fortaleza para el cuerpo, espíritu y mente.
Así que este viajero decidió quedarse un poco más  en el desierto pues deseaba volverse fuerte y aprender más de la vida misma, pero esto no lo hacía por querer conocer el desierto lo hacía por un propósito y era acompañar al mercader en sus travesías.

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